Curso de Fundamentos OKR
Capítulo 5 de 13
5. Cómo definir un buen objetivo: ejemplos claros y errores comunes
Una vez entendido para qué sirven los OKR y por qué ayudan a enfocar la organización, el siguiente paso es aprender a definir buenos objetivos. En la práctica, este es uno de los puntos donde más fallan las implantaciones de OKR.
Un objetivo mal formulado arrastra todo lo demás. Da lugar a resultados confusos, conversaciones poco útiles y decisiones inconsistentes. Por eso, antes de entrar en los key results, conviene dedicar tiempo a entender qué hace que un objetivo sea realmente útil.
Qué es un buen objetivo en OKR
En el contexto de OKR, un objetivo describe un cambio relevante que se quiere lograr en un periodo determinado. No es una tarea, ni un plan, ni un resultado numérico. Es una dirección clara.
Un buen objetivo ayuda a responder a una pregunta sencilla: si lo logramos, qué será diferente. Si no es posible responder con claridad, probablemente el objetivo está mal planteado.
Además, un objetivo debe ser comprensible para personas que no conocen el detalle del trabajo. Si necesita demasiada explicación, difícilmente servirá para alinear.
Objetivo no es lo mismo que actividad
Uno de los errores más comunes es confundir el objetivo con lo que se va a hacer para conseguirlo. Esto suele ocurrir cuando el objetivo empieza con verbos como implementar, desarrollar, lanzar o ejecutar.
Por ejemplo, “implementar una nueva app de entrenamiento” describe una actividad. No explica por qué es importante ni qué cambio se espera generar.
Un objetivo mejor formulado se centraría en el impacto deseado: qué debería mejorar para los socios de GymTonic si esa app funciona como se espera.
Este cambio de enfoque obliga a pensar más allá de la solución y facilita tomar decisiones cuando surgen alternativas.
Aquí puede incluirse una ilustración
Ejemplo: dos columnas, “actividad” frente a “impacto”, mostrando la diferencia.
El nivel adecuado de ambición
Otro aspecto clave es el nivel de ambición. Los objetivos demasiado conservadores no generan foco ni aprendizaje. Los excesivamente abstractos generan confusión.
Un buen objetivo debe ser ambicioso pero realista dentro del periodo en el que se trabaja. No se trata de prometer resultados garantizados, sino de marcar una dirección que requiera esfuerzo y decisiones.
En GymTonic, un objetivo como “mejorar ligeramente la satisfacción de los socios” difícilmente cambiará comportamientos. En cambio, un objetivo que apunte a transformar la experiencia de los socios habituales sí invita a revisar prioridades y enfoques.
La ambición no está en las palabras grandilocuentes, sino en el cambio que se persigue.
Un objetivo, una idea principal
Los buenos objetivos suelen ser claros y singulares. Intentar meter demasiadas cosas en un mismo objetivo es una señal de falta de foco.
Frases largas, con varios “y”, suelen indicar que el objetivo intenta abarcar problemas distintos a la vez. Esto dificulta saber qué priorizar cuando aparecen tensiones.
En lugar de buscar el objetivo “perfecto”, es preferible elegir uno que concentre el esfuerzo principal del periodo. Otros temas pueden abordarse, pero no como parte del mismo objetivo.
Ejemplo de objetivo en el caso GymTonic
Supongamos que GymTonic quiere mejorar la relación con sus socios más activos. Un mal objetivo podría ser: “mejorar la comunicación, los servicios y la experiencia digital de los socios”.
Este objetivo mezcla demasiados aspectos y no deja claro qué cambio se busca.
Un objetivo mejor formulado podría ser: convertir la experiencia de los socios habituales en una ventaja diferencial frente a otros gimnasios. Este enunciado no dice cómo se va a lograr, pero sí apunta a un cambio relevante y reconocible.
A partir de ahí, los key results permitirán concretar qué significa “ventaja diferencial” en términos observables.
Errores comunes al definir objetivos
Además de confundir objetivos con actividades, existen otros errores habituales.
Uno es definir objetivos demasiado genéricos, como “crecer”, “mejorar” o “optimizar”. Estas palabras no son incorrectas, pero necesitan contexto para ser útiles.
Otro error es formular objetivos puramente numéricos. Los números son importantes, pero pertenecen a los key results. Un objetivo expresado como cifra pierde su función orientadora.
También es frecuente definir objetivos que dependen en exceso de factores externos o de otros equipos, sin margen real de influencia. Esto suele generar frustración y desresponsabilización.
El objetivo como herramienta de conversación
Un buen objetivo no solo sirve para medir resultados. Sirve para generar conversación. Ayuda a alinear expectativas, a debatir prioridades y a evaluar iniciativas.
En GymTonic, un objetivo bien definido permite que distintos equipos —operaciones, marketing, producto digital— interpreten la dirección común y tomen decisiones coherentes desde su ámbito.
Si el objetivo no provoca este tipo de conversaciones, probablemente no está cumpliendo su función.
Aquí encaja bien una ilustración
Ejemplo: personas de distintos equipos mirando el mismo enunciado de objetivo.
Revisar y ajustar objetivos
Definir buenos objetivos es una habilidad que se aprende con la práctica. Es normal que los primeros intentos no sean perfectos.
Los OKR no exigen objetivos inamovibles. Permiten revisar si un objetivo está ayudando a enfocar y, si no es así, ajustarlo en el siguiente ciclo.
Este enfoque reduce el miedo a “equivocarse” y refuerza la idea de los OKR como herramienta de aprendizaje.
Qué viene a continuación
Una vez definido un buen objetivo, el siguiente reto es concretarlo sin caer en listas de tareas. En el próximo capítulo veremos qué es un key result, cómo formularlo correctamente y por qué medir actividad no es suficiente.
Entender bien la diferencia entre objetivo y resultado clave es esencial para que los OKR funcionen en la práctica.