Cap. 3: De la estrategia a la acción: para qué sirven realmente los OKR

En los capítulos anteriores hemos visto qué son los OKR y en qué se diferencian de los KPI. En este punto suele aparecer una pregunta razonable: si los OKR no son planificación detallada ni gestión operativa, ¿para qué sirven exactamente?

Este capítulo aborda esa pregunta. El foco no está en la definición formal, sino en el papel que juegan los OKR dentro del sistema de gestión de una organización. En concreto, cómo ayudan a conectar la estrategia con las decisiones y acciones del día a día sin caer en la microgestión.

El problema habitual: una estrategia que no baja a tierra

Muchas organizaciones tienen una estrategia definida. Existen documentos, presentaciones o mensajes claros desde la dirección. Sin embargo, esa estrategia no siempre se traduce en decisiones coherentes a lo largo de la organización.

Los equipos trabajan, los proyectos avanzan y los indicadores operativos se mantienen bajo control, pero cuesta responder a preguntas como:

  • ¿en qué estamos poniendo realmente el foco?,
  • ¿qué iniciativas son prioritarias ahora?,
  • ¿qué decisiones ayudan más a avanzar la estrategia?

Este problema no suele deberse a falta de trabajo, sino a falta de un mecanismo intermedio entre la estrategia y la acción cotidiana. Los OKR ocupan precisamente ese espacio.

Los OKR como puente entre estrategia y ejecución

Los OKR sirven para traducir una intención estratégica en criterios claros de avance, sin entrar todavía en el detalle de cómo se va a ejecutar cada acción.

La estrategia suele expresarse en términos amplios: crecer, diferenciarse, mejorar la experiencia, ganar eficiencia. Los OKR obligan a concretar qué significa eso en un periodo determinado y cómo se sabrá si se está avanzando.

En ese sentido, los OKR no sustituyen a la estrategia. La hacen operativa. Tampoco sustituyen a los planes de trabajo. Les dan dirección.

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Ejemplo: un esquema que muestre estrategia → OKR → decisiones → acciones.

Foco: decidir qué es importante ahora

Uno de los principales usos de los OKR es ayudar a reducir dispersión. En la práctica, la mayoría de organizaciones tienen más iniciativas que capacidad real para ejecutarlas bien.

Los OKR obligan a elegir. Al definir pocos objetivos relevantes para un periodo concreto, se establece un marco de prioridades explícito. Esto no elimina el resto del trabajo, pero sí ayuda a decidir qué merece atención preferente cuando hay conflictos o limitaciones.

Este foco no se logra diciendo “esto es importante”, sino vinculando decisiones y acciones a resultados esperados. Cuando surge una nueva iniciativa, la pregunta deja de ser si es buena idea y pasa a ser si contribuye de forma clara a los OKR actuales.

Alineación sin microgestión

Otro problema habitual es confundir alineación con control. En muchos intentos de despliegue estratégico, la alineación se traduce en instrucciones detalladas y supervisión constante.

Los OKR permiten una alineación distinta. Al compartir objetivos y resultados esperados, los equipos entienden el para qué, aunque tengan margen para decidir el cómo. Esto reduce la necesidad de coordinación excesiva y permite adaptar las acciones al contexto local de cada equipo.

La alineación se produce porque todos miran hacia los mismos resultados, no porque todos hagan lo mismo.

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Ejemplo: varios equipos tomando caminos distintos hacia un mismo objetivo.

Conversaciones mejores, no más reuniones

Los OKR también sirven para mejorar la calidad de las conversaciones sobre el trabajo. En lugar de centrarse solo en qué se ha hecho, las conversaciones se orientan a qué está cambiando y qué se está aprendiendo.

En los espacios de seguimiento, los OKR permiten hablar de:

  • avances reales hacia los resultados,
  • bloqueos que impiden progresar,
  • hipótesis que no se están cumpliendo.

Esto cambia el tono de las reuniones. No se trata de justificar actividad, sino de ajustar decisiones. Los OKR, bien usados, reducen discusiones subjetivas y facilitan conversaciones más concretas y útiles.

El papel de los OKR en la toma de decisiones

Una de las aportaciones menos visibles, pero más importantes, de los OKR es que actúan como criterio para decidir.

Cuando una organización tiene OKR claros, muchas decisiones se simplifican:

  • qué iniciativas priorizar,
  • dónde invertir tiempo y recursos,
  • qué no hacer ahora.

Los OKR no dan la respuesta automática, pero ofrecen un marco compartido para evaluar opciones. Esto es especialmente valioso en entornos con incertidumbre, donde no existen respuestas correctas evidentes.

Un ejemplo aplicado al caso GymTonic

En el caso de GymTonic, la dirección puede tener una estrategia clara orientada a mejorar la retención de socios y diferenciarse por experiencia, no solo por precio.

Sin OKR, esa estrategia convive con múltiples iniciativas: campañas comerciales, mejoras operativas, nuevas clases, ajustes en la app, cambios en los centros. Todas pueden parecer razonables, pero no todas contribuyen de igual manera al objetivo estratégico.

Al definir un OKR de empresa, GymTonic puede establecer qué cambio es prioritario en un periodo concreto. A partir de ahí, las decisiones sobre qué iniciativas impulsar o pausar se evalúan en función de su contribución a ese objetivo.

Los OKR no dicen qué clases lanzar ni qué funcionalidades desarrollar, pero ayudan a decidir cuáles tienen más sentido ahora.

OKR no es ejecución directa

Es importante insistir en lo que los OKR no hacen. No ejecutan por sí mismos. No sustituyen a los equipos ni a sus métodos de trabajo. Tampoco garantizan resultados.

Los OKR crean un marco. Dentro de ese marco, la ejecución sigue dependiendo de la capacidad de los equipos, de sus prácticas, de su coordinación y de su contexto.

Cuando se espera que los OKR “resuelvan” problemas de ejecución por sí solos, la decepción es inevitable. Su valor está en mejorar el cómo se decide, no en hacer el trabajo por la organización.

Del objetivo a la acción, paso a paso

El recorrido típico que facilitan los OKR es el siguiente:

  • se define una intención estratégica clara,
  • se concretan resultados que indicarían avance,
  • se toman decisiones alineadas con esos resultados,
  • se ejecutan acciones,
  • se revisa lo aprendido y se ajusta el rumbo.

Este ciclo es iterativo. Los OKR no se definen una vez y se olvidan, sino que se utilizan como referencia viva durante el periodo.

Más adelante veremos cómo este recorrido se articula en un ciclo explícito de trabajo con OKR y en roles concretos que lo sostienen.

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Ejemplo: un ciclo simple de definir → actuar → revisar → ajustar.

Qué problemas no solucionan los OKR

Para cerrar, conviene ser claros sobre los límites. Los OKR no sustituyen:

  • una mala estrategia,
  • una estructura organizativa disfuncional,
  • ni problemas graves de liderazgo o cultura.

Tampoco eliminan conflictos ni hacen desaparecer las tensiones propias de priorizar. De hecho, suelen hacerlas más visibles.

Ese es precisamente uno de sus valores: poner sobre la mesa decisiones que antes quedaban implícitas.

Qué viene a continuación

En los siguientes capítulos entraremos en aspectos más concretos de diseño y uso de OKR. Empezaremos por cómo definir buenos objetivos y por qué su formulación es más determinante de lo que parece.

Entender para qué sirven realmente los OKR es un paso previo imprescindible. Sin esta claridad, el riesgo es utilizarlos como una herramienta más, sin impacto real en la forma de decidir y actuar.

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